
2. LA SEÑORA DE LA COPLA
La recuerdo de otros años. Baja y menuda, ágil y nerviosa, llega a la playa de la mano de su hijo. Se sienta en su silleta bajo su sombrilla y comienza a hablar sola y a cantar. De tanto en tanto, el hijo la levanta, la apoya en su brazo y le da un paseo por la orilla, junto al agua. Después vuelve a sentarse y torna a su perorata. En ocasiones, se queda un tiempo sola. Así que, cuando pasas cerca de ella te llama la atención, nene, ¡qué!, te dice y comienza una risa escandalosa. Al poco canta lo que se le ocurre: “Detrás de la puerta/tengo una caña/’pa’ darle por culo/al que me engaña”. Casi siempre son tonadillas o coplas populares y las canta con voz potente y escasa entonación. Voy y vengo descalzo por la arena para endurecer mis pies y fortalecer mis piernas atrofiadas por tanta hora seguida sentado a la mesa, por tanto estudio, por tanto ordenador. Así que la veo casi todos los días. El diagnóstico es sencillo. A lo ordinario, esta mujer está loca; a lo familiar, ha perdido la cabeza; a lo científico, tiene demencia senil. Y por eso actúa desinhibida, un poco fuera de control. Cicerón, escritor romano, nos legó un libro titulado De senectute que, traducido al romance, significa Sobre la ancianidad. En él decía que la ancianidad es una enfermedad. Yo creo que es una debilidad, un retorno a los comienzos, sólo que, cuando uno es niño, casi ni sientes ni padeces, pero de mayor contemplas tu propio deterioro del que normalmente te das cuenta y sufres. Conociendo esa debilidad, lo único que queda es procurar que, en sus últimos días, la vida de los mayores en general sea lo más cómoda posible. Hay que respetar su condición y actuar con ellos civilizadamente Hoy va por ellos, nuestros mayores, para que no se les minusvalore sino que tengan asistencia. Hay que comportarse con ellos como nos gustaría hiciesen con nosotros si llegamos a su edad. Que bastante han tenido con vivir como lo han hecho en la época de la tonta del bote y encima de todo vivirla con dignidad. Que no sean valores que coticen al alza sólo en época electoral.
La recuerdo de otros años. Baja y menuda, ágil y nerviosa, llega a la playa de la mano de su hijo. Se sienta en su silleta bajo su sombrilla y comienza a hablar sola y a cantar. De tanto en tanto, el hijo la levanta, la apoya en su brazo y le da un paseo por la orilla, junto al agua. Después vuelve a sentarse y torna a su perorata. En ocasiones, se queda un tiempo sola. Así que, cuando pasas cerca de ella te llama la atención, nene, ¡qué!, te dice y comienza una risa escandalosa. Al poco canta lo que se le ocurre: “Detrás de la puerta/tengo una caña/’pa’ darle por culo/al que me engaña”. Casi siempre son tonadillas o coplas populares y las canta con voz potente y escasa entonación. Voy y vengo descalzo por la arena para endurecer mis pies y fortalecer mis piernas atrofiadas por tanta hora seguida sentado a la mesa, por tanto estudio, por tanto ordenador. Así que la veo casi todos los días. El diagnóstico es sencillo. A lo ordinario, esta mujer está loca; a lo familiar, ha perdido la cabeza; a lo científico, tiene demencia senil. Y por eso actúa desinhibida, un poco fuera de control. Cicerón, escritor romano, nos legó un libro titulado De senectute que, traducido al romance, significa Sobre la ancianidad. En él decía que la ancianidad es una enfermedad. Yo creo que es una debilidad, un retorno a los comienzos, sólo que, cuando uno es niño, casi ni sientes ni padeces, pero de mayor contemplas tu propio deterioro del que normalmente te das cuenta y sufres. Conociendo esa debilidad, lo único que queda es procurar que, en sus últimos días, la vida de los mayores en general sea lo más cómoda posible. Hay que respetar su condición y actuar con ellos civilizadamente Hoy va por ellos, nuestros mayores, para que no se les minusvalore sino que tengan asistencia. Hay que comportarse con ellos como nos gustaría hiciesen con nosotros si llegamos a su edad. Que bastante han tenido con vivir como lo han hecho en la época de la tonta del bote y encima de todo vivirla con dignidad. Que no sean valores que coticen al alza sólo en época electoral.

1 Comments:
"Cicerón [...]decía que la ancianidad es una enfermedad. Yo creo que es una debilidad, un retorno a los comienzos, sólo que, cuando uno es niño, casi ni sientes ni padeces, pero de mayor contemplas tu propio deterioro del que normalmente te das cuenta y sufres. Conociendo esa debilidad, lo único que queda es procurar que, en sus últimos días, la vida de los mayores en general sea lo más cómoda posible."
La figura del anciano y el niño, junto al comentario acerca de la debilidad me han traído a la mente una afirmación de Baltasar Gracián puesta en boca de Critilo cuando éste se ve al punto del ahogo, está justo al principio de la obra: "Madrastra se nostró la naturaleza con el hombre pues lo que le quitó de conocimiento al nacer le restituye al morir: allí porque no se perciban los bienes que se reciben, aquí porque se sientan los males que se conjuran." Esta idea, que el hombre nace sin conocimiento, entrando por la puerta del engaño, y muere desengañado con conocimiento, se me hace altamente sugerente con respecto a la fragilidad humana, desconocida en el infante y reconocida en el anciano.
Sé que me salgo un poco del contexto original del mensaje, pero no quise dejar pasar el comentario porque, finalmente, está en juego la idea de un conocimeinto constata nuestro caracter existencial.
En fin, un saludo.
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