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Artículos escritos para un programa de la Cadena SER en Lorca

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Location: Lorca, Murcia, Spain

Friday, January 13, 2006

7. PALMIRA


En tierra de nadie, trágico augurio fueron las hieráticas cariátides abandonando el sólido afuste que las encumbraban hasta el desastre, capiteles sembrados de misterio, cuando fueron abatidos los templos serenos por la fuerza de las máquinas de guerra y la sal estéril hizo vacuo el camino de la plegaria antigua. De la ciudad hicieron ruina fácil. La doncellez, plato codiciado para feroces fauces. Prendieron los niños la hoguera del odio mientras buscaban claustro en el escondite de sus juegos. Al anciano la vida permitieron para que narrase el asalto y miedo infundiesen a las gentes relato tan cruel y militar despojo su hazaña. La gloria inane de los vencedores, faena deslumbrante por lo rauda, cobarde por la misma innoble prisa, hasta en su oficio destructor soeces, no sirvió para el olvido, que siempre los persiguió la muerte inopinada. ¿De qué sirvió escuela de paz serena a quien guerra vivió en su infancia aflicta? Hicieron secta de venganza horrenda los antaño asustados jovenzuelos de la horrorosa muerte contemplada mientras en el silencio del refugio. Ajustados a los petos petrales, los deseos de sangre renacían mientras eran abatidas las hijas de los asoladores imperiales y ansiaban refugio los victimarios en los sepulcros de los arrabales, en las ermitas de las cofradías: más hasta allí llegaba el asesino. Alzó su voz el inocente, gritó la superstición y conoció entonces la secreta unción de los aranceles de la penuria. Alzó su voz y herido cayó para que se hiciese el silencio y la máquina anónima siguiese el aniquilamiento del otrora vencedor imperialista. Palmira es una ordenada ruina y reclamo en donde la piedra grita su pasado en un horizonte lúcido y salino mientras el guía repite incansable los clichés turísticos tan manidos. En los Anales del alba se cuenta escrito cómo se destruye recia estirpe de hombres bajo la ruda horda feroz de los logreros. Sólo, lírico, he sabido de la célebre ruina de Samos, Pastmos o Cartago. Poco he aprendido de la épica anodina de los escritores. Altas columnas son las de Palmira y sus yermos restos de tal belleza que quizá esplendente no fuese tan gozosa mi extasiada visión esperanzada. ¿Qué más bello que la esperanza de que algo resista al tiempo permitido y sea ruina eterna? Sólo por su mustio aroma de tiempo Palmira es más famosa que cuando era un cenáculo secreto y la oración ascendía entre incienso hasta la nube que ocultaba gloria tan perecedera como asolaron los cabrones de siempre en cada época ganadores de la ruina que luego será objeto de pasmo, lámina de libro.

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