Mi firma en la SER

Artículos escritos para un programa de la Cadena SER en Lorca

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Location: Lorca, Murcia, Spain

Saturday, November 11, 2006

18. LAS TRES MARÍAS

Dentro de mi personal memoria histórica, la que yo he vivido, la que nadie me ha contado, ni siquiera los Alcántara que no he visto en la Televisión Española del que gobierna, la que no implica adoctrinamiento alguno ni siquiera para que cada uno use el voto a la manera que quieren los partidos, puesto que sólo ansían el voto para después hacer lo que les venga en gana y olvidarse del ciudadano hasta otras elecciones, tengo bien claro que entonces se estaba contra algo, se buscaba algo que ahora tienen y utilizan los que crean los problemas: democracia. Pues bien, allá por el 1976 apareció en España un libro que, publicado en la primavera de 1971 en Portugal, fue entonces, y lo sigue ahora siendo, interesante. Se titulaba Nuevas cartas portuguesas. Las tres Marías, porque sus autoras eran María Velho da Costa, María Isabel Barreno, María Teresa Horta. Era un libro feminista que denunciaba la situación de sometimiento de la mujer al hombre al final de la dictadura de Caetano. Fueron, pues, detenidas por el gobierno portugués, acusadas de abuso de la libertad de prensa y atentado a la moral pública. La obra fue prohibida. El proceso contra las 'tres marías' terminó en 1974 con la caída de dictador. Si se lee el libro ahora, no sólo se será consciente de la situación de la mujer, la española incluida, en la época de la muerte de Franco y la transición a la democracia, sino de lo casi mucho, aunque en otro sentido, que la situación apenas ha variado. Con independencia del contenido, que no se puede glosar en un minuto, a mí lo que más me impresionó fue la portada, no porque se viera en ella a tres mujeres liberadas, casi en minifalda y enseñando los muslos dos de ella, fruto prohibido entonces aquí, sino la expresión casi indiferente de tres rostros en los que se podía ver decisión, criterio, valor y ningún desafío. De las tres, dos parecían más pasotas, la del centro, María Isabel Barreno, más arrogante. En mis viajes a Portugal intenté después saber qué había sido de ellas, pero no lo logré. Serán ya unas señoras casi septuagenarias que forman parte de la historia reciente de su país y de mi memoria histórica. Es un libro al que en ocasiones vuelvo y que aún debería leerse. Es una literatura autobiográfica, testimonio de una época, una denuncia implacable de la mística femenina de nuestro siglo XX, pues, como ellas mismas escriben, “manos nos recorren las carnes a fin de poseernos de nuevo, imponiéndonos la marca del dueño, porque causamos daños en el rechazo y el menstruo es el estigma que ellos toman por femenina causa para doblegarnos a su voluntad”. Mujer que me escuchas, ¿ha cambiado mucho de esto? Que así sea.

17. JUAN PEDRO QUIÑONERO


Vuelvo a ocuparme de Juan Pedro Quiñonero, totanero de París que ha donado parte importante de su biblioteca a esta ciudad. Tiempo ha que así sucedió y lo comentaron con bombo y platillo los medios de comunicación. Tengo entendido que está a punto de concluirse la catalogación de los libros que la componen, lo más granado de la literatura, ensayo y pensamiento de los infelices años setenta que preceden a la transición democrática que ha permitido que se escarbe ahora en los restos del pasado en busca de la memoria histórica. ¿Se es más demócrata por derribar las estatuas ecuestres del dictador? Se puede pensar que su presencia aviva la memoria del presente, histórica también, pues sirve para inculcar algo que no debe repetirse en la historia de España, aunque se mantiene en la práctica de la vida política porque, como dice JPQ, este país es cainita. De todos modos, si eso satisface a los demócratas, republicanos y federalistas de toda la vida, aunque moleste a otros, pues adelante, que no pasa nada, España no se rompe es la consigna. Pero si he citado a este amigo ha sido porque acaba de publicar un nuevo libro, una novela, más o menos en clave, titulada La locura de Lázaro. Pienso que JPQ tiene tendencia a ocultar cuanto quiere decir. Sucede en esta novela como en su Retrato del artista en el destierro, de 2004, en el que, habiendo podido decir qué pasó con su familia en la guerra civil, todo lo deja en el aire. Aquí lo comprendo porque es su intimidad, aunque yo pregunté en Totana y me dijeron: “si ha podido decirlo, ¿por qué no lo ha hecho?” En este caso se trata de una relación de sucesos que le ocurrieron / pudieron ocurrirle desde su llegada a Madrid. Pero nada queda claro. Otros críticos más avezados que yo, o conocedores de sus circunstancias, hablan de que Celia Jiruña Carón es Camilo José Cela, que se saba avanzando en su lectura. Crea un mundo mítico, Poncia (España), con su capital Caína (Madrid). Así que, sin ser una crónica sentimental de la época, sí es un paseo por el Callejón del Gato de su memoria personal, en el que uno se cruza con Dámaso Alonso, César González Ruano, Pío Baroja, Azorín y tantos y tantos protagonistas de estas efemérides. Es un texto sin diálogo que, sin duda alguna, participa del género autobiográfico, al menos desde ese punto de vista ficcional se escribe. Debo recomendársela a ustedes aun a sabiendas de que no la van a encontrar en Lorca. La ha publicado Ediciones Espuela de Plata de Sevilla. Pero, al ver su portada, les surgirá una pregunta: ¿por qué, debajo del título, pone novela? ¿Acaso el lector no puede deducirlo por sí sólo?

16. ONOMÁSTICAS


Tengo la costumbre de felicitar los santos de las personas cuyas direcciones figuran en mi directorio. Bien es verdad que sólo lo hago con las personas que tienen santos populares: Pedro, Juan, José. ¿Qué día se celebra San Jacinto, por ejemplo? A unos les toca por correo electrónico y a otros, los que no lo tienen, por teléfono. Así hice hace unos días con motivo de la fiesta del Pilar, en donde cada uno puede abuchear lo que le dé la gana, no en vano Madrid es capital de España y de la Autonomía, aunque ambicione este título último Getafe conocida por tener un equipo de futbol en primera. Yo creo que Getafe piensa que puede acoger a un presidente de la comunidad si es como Quique Sánchez Flores o Bernard Schuster. Pero si no le sale así y no permanece en primera, igual lo echan a la calle y, si pueden, no le pagan. Quizá, a Getafe le venga mejor ser provincia, como quiere Cartagena y así la Región de Madrid y la de Murcia se compondrán de varias provincias, lo que dificultará el aprendijase escolar, ya bajo mínimos, o exacerbará algún que otro nacionalismo cantonalista para que las haga independientes. Entonces, reclamaré que quiero volver al seno de mi tribu, que Lorca, aunque sea grande, ya está muy ocupada y es una Babilonia étnica. Ya entiendo por qué hay gente amiga que no quiere que escriba ni hable en ningún medio. No lo hace porque crea que me gusta exhibirme, sino porque se han dado cuenta de que mi mente tiene ya sus lapsus y coordina peor que antes. Me enrollo y la cosa se alarga sin sentido casi, o con mucho sentido quizá. Yo lo que quería decir es que el pasado día doce felicité a las Pilares que estaban en mi lista. Una estaba preparando una conferencia, la otra de viaje, la otra en el desfile de las fuerzas armadas en Madrid y las demás en sus rollos. Cuando le tocó el turno a Pilar Barnés, me comentó que hacía tiempo que no sabía nada de mí, que si me había enterado de que la habían hecho un homenaje en Murcia con otras personas mayores no sé por qué, puesto que no me quedé con el cante. Pilar Barnés es una roca en medio de un riachuelo: si viene poco agua allí queda; si es riada, también. La conocí siendo yo un crío y ella maestra en las Graduadas de la calle de la Cava. Luego fui compañero en el Alfonso X el Sabio. No he conocido otra mujer de tanta lectura. Todo lo bueno que le pase me satisface porque se lo merece. Quizá hubiera debido estar en Lorca para acompañarla en su homenaje. Calabardina me aisla pero eso es sin duda alguna bueno para mí.

15. LA RENTRÉE

No ha traído aún agua este otoño, cachorro aún, que es lo que hace falta porque de lo demás casi nos sobra. Inicio hoy mi segunda temporada de Mi firma en la SER, la primera se eterniza en un blog. Si digo SER, digo LORCA, porque yo, vaya por delante, no cobro de la SER, sino que acudo, como siempre he hecho, a la llamada amistosa que me brinda la posibilidad de opinar sobre cosas elegidas por mí. Estas cosas las escuchan siempre los amigos y las personas de buen juicio: al que no le guste yo, que no me escuche, por aquello de que a palabras sordas oídos necios. Hablaré de cuanto me apetezca, evitando se irrite contra mi quien no me soporte. Por eso pido agua, para que toda corra río abajo, aunque mis pelillos no irán a la mar, pues a su orilla vivo. Es decir, no habrá memoria histórica. En la repesca de la memoria histórica, siempre pierden los mismos, los malos son siempre los mismos: los que pierden. Así que, haré más de un comentario sobre este invento masoca. Sí me preocupa el afán que mucha gente tiene por salvar a los demás. Como Bush, que quiere salvar a un país entero, aún más, al mundo entero, cuando, en verdad, lo que busca es hacerlo según sus propios intereses no tanto políticos cuanto económicos: en cada hombre sólo ve un consumidor, o sea, alguien a quien se le puede vender algo. Eso es capitalismo puro y duro. ¿Por qué no deja que cada país viva según sus preceptos? ¿Puede ser democrático un organismo jerárquico? Pues habrá que dejar que los talibanes, chiitas, suníes, e incluso los habitantes de las islas Galápagos vivan como quieran. Que están atrasados, pues que busquen su desarrollo. Eso sí, en justa reciprocidad, cuando vengan aquí, que se sometan a nuestro modo de vivir. Volveré sobre ello. He vuelto a la ciudad para hacer unas cosas. Las calles me parecen más pequeñas. Pero un pajarito muy listo me dice que no, que son iguales, pero que hay más gente y más coches, dos motivos más para irse de este paraíso andante llamado Lorca y vivir en la anchura del litoral sin consumidores del veraneo. Así que, sin duda alguna, la nueva política municipal debe ir dirigida a hacer una ciudad más grande para que todos quepamos en ella, aunque me quedan mis dudas. A lo mejor, ni se arregla la Plaza de España. La verdad, es que así queda bien. Si permanece tal cual, el dinero que ahorramos lo dedicamos a algo serio. Además, nunca la he oído quejarse de su aspecto.