15. LA RENTRÉE
No ha traído aún agua este otoño, cachorro aún, que es lo que hace falta porque de lo demás casi nos sobra. Inicio hoy mi segunda temporada de Mi firma en la SER, la primera se eterniza en un blog. Si digo SER, digo LORCA, porque yo, vaya por delante, no cobro de la SER, sino que acudo, como siempre he hecho, a la llamada amistosa que me brinda la posibilidad de opinar sobre cosas elegidas por mí. Estas cosas las escuchan siempre los amigos y las personas de buen juicio: al que no le guste yo, que no me escuche, por aquello de que a palabras sordas oídos necios. Hablaré de cuanto me apetezca, evitando se irrite contra mi quien no me soporte. Por eso pido agua, para que toda corra río abajo, aunque mis pelillos no irán a la mar, pues a su orilla vivo. Es decir, no habrá memoria histórica. En la repesca de la memoria histórica, siempre pierden los mismos, los malos son siempre los mismos: los que pierden. Así que, haré más de un comentario sobre este invento masoca. Sí me preocupa el afán que mucha gente tiene por salvar a los demás. Como Bush, que quiere salvar a un país entero, aún más, al mundo entero, cuando, en verdad, lo que busca es hacerlo según sus propios intereses no tanto políticos cuanto económicos: en cada hombre sólo ve un consumidor, o sea, alguien a quien se le puede vender algo. Eso es capitalismo puro y duro. ¿Por qué no deja que cada país viva según sus preceptos? ¿Puede ser democrático un organismo jerárquico? Pues habrá que dejar que los talibanes, chiitas, suníes, e incluso los habitantes de las islas Galápagos vivan como quieran. Que están atrasados, pues que busquen su desarrollo. Eso sí, en justa reciprocidad, cuando vengan aquí, que se sometan a nuestro modo de vivir. Volveré sobre ello. He vuelto a la ciudad para hacer unas cosas. Las calles me parecen más pequeñas. Pero un pajarito muy listo me dice que no, que son iguales, pero que hay más gente y más coches, dos motivos más para irse de este paraíso andante llamado Lorca y vivir en la anchura del litoral sin consumidores del veraneo. Así que, sin duda alguna, la nueva política municipal debe ir dirigida a hacer una ciudad más grande para que todos quepamos en ella, aunque me quedan mis dudas. A lo mejor, ni se arregla la Plaza de España. La verdad, es que así queda bien. Si permanece tal cual, el dinero que ahorramos lo dedicamos a algo serio. Además, nunca la he oído quejarse de su aspecto.

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