9. LAS REBELIONES INÚTILES.

Hay rebeliones que me parecen inútiles. Sobre todo por quienes la protagonizan. Me refiero en este caso a Blatter, máximo mandamás de la FIFA. Estos señores viven en poltrona de oro, ganan su peso en oro, los tratan y se tratan a cuerpo de rey y se vuelven contra quienes les pagan, olvidando que con el dinero de los clubes, se dan la vida padre. Lo peor es que creen que se lo merecen. Si un club deja un jugador para la selección y este jugador vuelve lesionado, es la FIFA la que debería pagar el importe de los daños y perjuicios que se ocasionan al club. Antes, cuando no había mercantilismo, se participaba y era un orgullo. Ahora es un orgullo participar a cambio de dinero. Cuanto más te den, más prestigiado estás. Yo, por mi parte, sólo aspiro a que me paguen por hora de escritura lo mismo que a la señora de la limpieza de mi casa: vamos llegando ya a diez euros por hora. Pero no se revuelve contra mí si se le rompe una escoba. Le compro otra y ya está. Pues cuando se rompa un jugador se debe devolver curado y con los gastos a su costa. Pero así va este mundo. El poder se lo cree todo. Hasta tal punto que el que lo detenta se cree que es suyo y que lo puede utilizar para amedrentar. El poder está para asegurar el orden y las reglas del juego. Viene esto para aplicarlo a la política. Me parece muy bien que los unos y los otros se peleen en el régimen interno por el poder, por ascender en la escala del poder, incluso por lo que conlleva o se cree que conlleva. Si lo conlleva, hablar de políticos es como hablar de los cazadores de focas. Si no lo conlleva, ¿por qué correr tras él desaforadamente? Si tan bueno es el político de turno y tanto le place procurar el bien de sus conciudadanos, pues que haga lo mismo desde el trabajo de cada día y nos evitamos un sueldo más grande del que gana en su profesión. Lo que sucede es que desde el trabajo apenas se prospera. Pero desde el poder sí. Pero si las declaraciones de Blatter son funestas y poco políticas, mira por dónde, pues debía decir que hay que enterrar el hacha de guerra y llegar a un posible acuerdo, y en las negocionaciones romperles el cuello a los cisnes con dureza, de igual modo debían proceder los políticos en lugar de contar sus lamentos en las hojas de los periódicos que te dejan en el buzón de la puerta de la casa. Qué desagradable es, qué mala imagen genera. Habría que cobrarles por publicar sus declaraciones en contra de su partido y por hablar mal del contrario. Los platos sucios se lavan en el lavavajillas de casa. Eso sí, los mensajes se dejan para que el interesado lo sepa, pero a la hora de tomar café, no que el público se desayune con un sapo político cada uno de los días del año. Por mí, que se queden con el poder, pero que no tenga que tomar bicarbonato para eliminar el sapo del día. Aunque sea ecológico y protegido por una oenege de esas cuyos presidentes tienen poder y sueldo estipulado, pues resulta que las oeneges ecológicas también necesitan dinero. Por eso hay gente que tampoco cree en ellas.

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