Mi firma en la SER

Artículos escritos para un programa de la Cadena SER en Lorca

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Location: Lorca, Murcia, Spain

Tuesday, October 25, 2005

4. LA POPULARIZACIÓN DEL ARTE


Hasta hace poco sólo los artistas hacían exposiciones, al principio para que conociéramos su actividad, después para ganar dinero con su arte. Desaparecidos los mecenas, este asunto funciona así. Cuando la cosa política se populariza más y se da oportunidad a los que no la han tenido, proliferan las exposiciones que muestran los progresos de los alumnos autodidactas que, sin embargo, no han alcanzado unas mínimas cotas artísticoestéticas. Eso hace que, con más intensidad, el arte se refugie en las galerías, por lo que siguen llamándole burgués despectivamente los dueños de la otra cosa. Claro que lo hacen los que no tienen condiciones artísticas y siguen el arte de masas, arte de masas al fin y al cabo. Sin embargo, aparecen fundaciones que, vinculadas a personas que o han sido artistas o sensibles al arte, presentan exposiciones de autores consagrados o con futuro. Los grandes museos presentan grandes exposiciones de grandes artistas en salones grandes en los que los burgueses con erupciones estéticas hacen grandes colas. Dios los perdone. Yo creo que en Madrid y en otras grandes ciudades hacen grandes colas sobre todo los días en los que la entrada es gratuita y, por supuesto, estas grandes colas de gentes que hacen colas no compran los catálogos. Pues bueno, pues en Mula, ciudad para ver, que ha sabido reconstruir las casas solariegas dieciochescas y conservar un casco antiguo con su belleza de siempre y no ha construido un parador en el castillo, lo que parece va a condicionar su desarrollo turístico, tampoco creo que solucione el problema de la ciudad los puestos de trabajo que se podrían conseguir, pero va a conservar su monumentalidad y su visión es hoy un atractivo turístico interior, en Mula, donde vive Juan González Castaño, en Mula, digo, ha expuesto una joven grabadora lorquina, artista con enorme futuro, Ángela Mula, en la fundación Cristóbal Gabarrón. Dentro aún del síndrome metabólico, no he podido ir a su inauguración, pero, liberado de él gracias a mis nefrólogos, una mañana de estas cogí mi coche, y fui a Mula para verla. La exposición, que habrá pasado desapercibida para los lorquinos, merece la pena. Como va a durar aún un tiempo, sugiero que visiten la exposición y, de paso, Mula. O al revés. Ya verán. Ángela Mula, suerte, hija, y te juro más trabajo para que expongas en Almería.


3. LOS PASOS DE CEBRA
Si la cebra supiera que a esos lugares señalados para que los peatones crucen las calles en las poblaciones que sufren el síndrome del desarrollo que nos ha traído este enorme comienzo de siglo, sin duda alguna la riqueza viaja hacia el sur, les llaman pasos de cebra, no tendría más remedio que enfadarse. Además de ser pisoteada, cual es su destino, se sentiría con enormes deseos de sentarse en el diván del psiquiatra: pocos ya le hacen caso. En esta escasez de civismo o urbanidad que caracteriza al personal, asentada en una máxima no escrita pero que funciona, cada uno hace lo que le sale de la entrepierna o del arco del triunfo. Yo comprendo que 18 segundo para cruzar ante un semáforo es poco, pero ese asalto al derecho del peatón ha dependido de la mentalidad del legislador que ha puesto al automóvil antes que a la persona. Bien es verdad que entre semáforo y semáforo suele o puede haber una distancia excesiva, algo así como dos o tres kilómetros, y, claro, andar todo eso para dejar la basura en los contenedores que están enfrente es la leche. Por eso pues cruzo la calle. Que la tienda que busco está en la otra acera, pues cruzo la calle. Que vengo por aquí con el carrillo de la compra, pues perfecto, cruzo por aquí, y si no quieren que me pongan aquí un paso de cebra. Que no veo tres en un burro y ya soy mayor, pues levanto los brazos, gesticulo, y cruzo la calle por donde se me ocurre. La verdad es que hay pocos accidentes pero, un día de estos, una persona atropellará a un coche y el conductor la denunciará. ¿Dónde firmo?, dirá la causante. Juro que es verdad. Antes me detenía a echar alguna bronca a alguien conocido que cruzaba la calle por donde la daba la real gana, pero ahora no, ahora lo animo a que cruce por donde le salga, que decimos los malhablados. ¿Por qué? Porque nadie me hacía caso y así, utilizando la ironía y la mala leche, quizá la gente reaccione. Hasta yo hago de mi capa un sayo. Si de verdad se cumplieran las ordenanzas municipales y se multara al peatón que cruza por donde no debe, disminuiría la sensación de inseguridad con que se camina. Aunque la solución pasa por intentar que el coche salga a la calle sólo por necesidad, no para que me vean montado en él. Eso, hoy, no significa nada. Bueno, sí, que te puedes llevar por delante al peatón que cruza por donde le place, es decir, por el paso de su cebra particular.


2. LA SEÑORA DE LA COPLA
La recuerdo de otros años. Baja y menuda, ágil y nerviosa, llega a la playa de la mano de su hijo. Se sienta en su silleta bajo su sombrilla y comienza a hablar sola y a cantar. De tanto en tanto, el hijo la levanta, la apoya en su brazo y le da un paseo por la orilla, junto al agua. Después vuelve a sentarse y torna a su perorata. En ocasiones, se queda un tiempo sola. Así que, cuando pasas cerca de ella te llama la atención, nene, ¡qué!, te dice y comienza una risa escandalosa. Al poco canta lo que se le ocurre: “Detrás de la puerta/tengo una caña/’pa’ darle por culo/al que me engaña”. Casi siempre son tonadillas o coplas populares y las canta con voz potente y escasa entonación. Voy y vengo descalzo por la arena para endurecer mis pies y fortalecer mis piernas atrofiadas por tanta hora seguida sentado a la mesa, por tanto estudio, por tanto ordenador. Así que la veo casi todos los días. El diagnóstico es sencillo. A lo ordinario, esta mujer está loca; a lo familiar, ha perdido la cabeza; a lo científico, tiene demencia senil. Y por eso actúa desinhibida, un poco fuera de control. Cicerón, escritor romano, nos legó un libro titulado De senectute que, traducido al romance, significa Sobre la ancianidad. En él decía que la ancianidad es una enfermedad. Yo creo que es una debilidad, un retorno a los comienzos, sólo que, cuando uno es niño, casi ni sientes ni padeces, pero de mayor contemplas tu propio deterioro del que normalmente te das cuenta y sufres. Conociendo esa debilidad, lo único que queda es procurar que, en sus últimos días, la vida de los mayores en general sea lo más cómoda posible. Hay que respetar su condición y actuar con ellos civilizadamente Hoy va por ellos, nuestros mayores, para que no se les minusvalore sino que tengan asistencia. Hay que comportarse con ellos como nos gustaría hiciesen con nosotros si llegamos a su edad. Que bastante han tenido con vivir como lo han hecho en la época de la tonta del bote y encima de todo vivirla con dignidad. Que no sean valores que coticen al alza sólo en época electoral.


1. FIRME USTED AQUÍ, POR FAVOR
Vengo hoy por vez primera a esta notaría que es la SER para estampar mi firma en el documento radiofónico que comienzo con la ilusión de un joven y la experiencia de un hombre de mi edad. Estampo mi firma con la ventaja de saber que he sido convocado a traer mi pluma a este medio de comunicación. En caso contrario, no estaría aquí y ahora, pues no sabía nada y me sorprendió la llamada de la SER en Murcia, ya que ese día me tocaba ejercer de abuelo. Sin embargo, eso no me va a dar patente de corso para hacer de mi capa un sayo. No heriré a nadie con mi palabra, ejerceré el respeto con todos, seré claro y directo, me ejercitaré en lo cotidiano y pondré en juego la ironía socrática: no me saldré de la norma y seré un ciudadano conspicuo. Otra cosa: tengo varios espacios blogger y voy a hacer otro para colgar en el blog cuanto diga en esta emisora. Sólo habrá que meterse en Internet, buscar http://mifirmaenlaser.blogspot.com/ y se podrá leer. Os digo también de qué irá este rollo. Habrá de todo, por supuesto literatura. Sin duda, hablaré de lo me haya impactado en el espacio temporal en el que intervenga, según le parezca a quien me ha llamado de la SER. Podrá ser de una situación política, cultural, de educación cívica, del desamparo ciudadano, pero habrá literatura. Puede ser que comente cualquier cosa, como la puñetera costumbre que tenemos en este pueblo de coger el coche hasta para ir a mear, al banco, a la iglesia, al kiosko, al bar y, seguro seguro, que pasear también lo hacemos en coche. La verdad es que en Lorca las distancia son, según dicho uso, enormes, todo está muy lejos, las calles son muy anchas y no hay más dios que el coche, tanto que se le ha dado primacía viaria en deterioro de las personas que, por cierto, cruzamos por donde nos apetece, como si las calles fuesen nuestra. Aun así, donde mejor está el coche en Lorca es en el garaje. La mitad de las veces que lo sacamos es sin mucha necesidad.